El Lhasa Apso vivía en monasterios y palacios del Tíbet, donde avisaba con ladridos de la llegada de extraños. Tradicionalmente no se vendía: se regalaba como amuleto de buena suerte.
Es independiente, seguro y muy leal a su familia, pero desconfiado de los extraños. Tiene más carácter de guardián de lo que su tamaño sugiere. Responde mejor a la paciencia que a la insistencia.




